La múltiple ganadora de los Globos de
Oro (mejor película dramática, guión y actor protagónico) fue la
halagada Los descendientes, de Alexander Payne (Entre copas, Sr.
Schmidt), un drama “sobre la vida” que abarca temáticas tan
vastas como el amor, el odio, el rencor, la muerte, la familia, los
legados, los engaños, la adolescencia, la madurez, la venganza, el
desamor... ¿Demasiado para un solo filme? Parecería que sí, aunque
Payne resuelve bastante bien sus premisas sin voces declamatorias.
“La gente que no es de acá cree que
los que vivimos en Hawai nos la pasamos en la playa, surfeando. Yo no
me he subido a una tabla en décadas”, dice Matt King (George
Clooney) por medio de una bastante injustificable voz en off, que
aparece arbitrariamente a lo largo del relato y deja de aparecer de
repente. Con esa frase King ilustra que es un hombre ocupado, a cargo
de grandes decisiones, como la venta de un terreno familiar de los
primeros terratenientes de la isla perteneciente a todos los
herederos de su familia. A pesar de esa frase, la primera escena del
filme nos muestra a una mujer viajando felizmente en una lancha a
alta velocidad, lo que justifica el pensamiento que King quiere
desterrar. La mujer es su esposa y en la siguiente escena nos
enteraremos de que ha sufrido un accidente en ese viaje y ha quedado
en coma, por lo que King deberá encargarse de algo de lo que se ha
mantenido ajeno toda su vida: el cuidado de sus hijas, Alexandra (Shailene Woodley) de 16 y Scottie (Amara Miller) de
10 años.
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| La pandilla va en busca de la verdad. |
A partir de esos disparadores, Payne
trata las temáticas mencionadas anteriormente a través de un guión
muy consistente por momentos, bastante cómico en determinadas
escenas, pero también casi ridículo en algunas ocasiones.
Básicamente, el guión funciona muy bien en la estructura general,
en la gran mayoría de las situaciones dramáticas. Por otra parte,
centra su arsenal cómico en el personaje de Sid (Nick Krause), el amigovio de Alexandra, la
hija mayor (la escena dentro del auto es hilarante). Y sin embargo,
se torna excesivamente extraña e inexplicable en la repetición de
un recurso que se utiliza mucho en el cine, pero que aquí está
usado de una manera rara y retorcida: varios personajes deciden
hablarle a la mujer que permanece postrada y en coma. Lo inusual es
que nunca son discursos en privado, sino en presencia de algún
tercero. Y nunca son palabras bonitas, sino insultos, lo que implica
que el tercero presente tenga que intervenir. Es probable que se
trate de un recurso buscado con intención humorística, pero
francamente le quita al relato mucha de la verosimilitud y de la
seriedad con la que se desarrolla durante el resto del metraje.
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| Shailene Woodley, un gran descubrimiento. |
La actuación de Clooney es muy buena y
por eso se lo ha elogiado desde cada crítica que he leído. Pero
también es cierto que Clooney desde hace rato viene demostrando que
no es un actor del montón. Su performance en la atrapante Michael
Clayton no tiene nada que envidiarle a esta, por nombrar sólo una.
Vale la pena nombrar al resto del elenco, encabezado por Woodley (muy
interesante, para poner atención a esta promisoria actriz) y Miller, pero
también por Robert Forster como el suegro de King. Y por qué no mencionar a Krause cuyo personaje es increíblemente tonto, pero que concentra en su papel todo el contenido cómico del filme y logra hacernos reír bastante.
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| El tipo de plano con el que Payne me aburre. |
Si bien el guión de Payne es muy
llevadero y atractivo, se le nota su falta de tino tras las cámaras.
Su nominación a mejor director es realmente exagerada y una
injusticia para Fincher que no está ternado por La chica del dragón
tatuado. Payne cansa con sus primero planos centrados, con personajes
dirigiéndose a cámara (hablan y caminan hacia ella) y con imágenes poco cuidadas y faltas de estética. Promediando el metraje se puede
hallar una escena en la que varios personajes miran una playa lejana
desde lo alto de una colina. Luego de un paneo por sus rostros, Payne
opone otro paneo general, en la dirección contraria y desde lo alto
que no solo resulta excesivo o inútil desde lo descriptivo, sino que
llega a ser algo chocante por la confluencia de movimientos de
cámara.
Los descendientes es una película
interesante, llevadera y entretenida. También es profunda por
momentos y llega a conmover. Es un filme que propone mucho y que nos
mete de lleno en los personajes, nos identifica con ellos. Cuenta con
un guión sólido y, esporádicamente, se vuelve muy graciosa. Sin
dudas es una buena película y es muy recomendable, aunque tenga
algunas falencias. Esas falencias son suficientes como para que no se
trate de un filme deslumbrante o memorable. Pero no estuvo tan lejos.
TÍTULO: LOS DESCENDIENTES
DIRECCIÓN: ALEXANDER PAYNE
INTÉRPRETES: GEORGE CLOONEY, ROBERT
FORSTER
PUNTAJE: 7/10




















































