martes 21 de febrero de 2012

¿En busca de la felicidad?


Los descendientes.


La múltiple ganadora de los Globos de Oro (mejor película dramática, guión y actor protagónico) fue la halagada Los descendientes, de Alexander Payne (Entre copas, Sr. Schmidt), un drama “sobre la vida” que abarca temáticas tan vastas como el amor, el odio, el rencor, la muerte, la familia, los legados, los engaños, la adolescencia, la madurez, la venganza, el desamor... ¿Demasiado para un solo filme? Parecería que sí, aunque Payne resuelve bastante bien sus premisas sin voces declamatorias.

“La gente que no es de acá cree que los que vivimos en Hawai nos la pasamos en la playa, surfeando. Yo no me he subido a una tabla en décadas”, dice Matt King (George Clooney) por medio de una bastante injustificable voz en off, que aparece arbitrariamente a lo largo del relato y deja de aparecer de repente. Con esa frase King ilustra que es un hombre ocupado, a cargo de grandes decisiones, como la venta de un terreno familiar de los primeros terratenientes de la isla perteneciente a todos los herederos de su familia. A pesar de esa frase, la primera escena del filme nos muestra a una mujer viajando felizmente en una lancha a alta velocidad, lo que justifica el pensamiento que King quiere desterrar. La mujer es su esposa y en la siguiente escena nos enteraremos de que ha sufrido un accidente en ese viaje y ha quedado en coma, por lo que King deberá encargarse de algo de lo que se ha mantenido ajeno toda su vida: el cuidado de sus hijas, Alexandra (Shailene Woodley) de 16 y Scottie (Amara Miller) de 10 años.

La pandilla va en busca de la verdad.
A partir de esos disparadores, Payne trata las temáticas mencionadas anteriormente a través de un guión muy consistente por momentos, bastante cómico en determinadas escenas, pero también casi ridículo en algunas ocasiones. Básicamente, el guión funciona muy bien en la estructura general, en la gran mayoría de las situaciones dramáticas. Por otra parte, centra su arsenal cómico en el personaje de Sid (Nick Krause), el amigovio de Alexandra, la hija mayor (la escena dentro del auto es hilarante). Y sin embargo, se torna excesivamente extraña e inexplicable en la repetición de un recurso que se utiliza mucho en el cine, pero que aquí está usado de una manera rara y retorcida: varios personajes deciden hablarle a la mujer que permanece postrada y en coma. Lo inusual es que nunca son discursos en privado, sino en presencia de algún tercero. Y nunca son palabras bonitas, sino insultos, lo que implica que el tercero presente tenga que intervenir. Es probable que se trate de un recurso buscado con intención humorística, pero francamente le quita al relato mucha de la verosimilitud y de la seriedad con la que se desarrolla durante el resto del metraje.

Shailene Woodley, un gran descubrimiento.
La actuación de Clooney es muy buena y por eso se lo ha elogiado desde cada crítica que he leído. Pero también es cierto que Clooney desde hace rato viene demostrando que no es un actor del montón. Su performance en la atrapante Michael Clayton no tiene nada que envidiarle a esta, por nombrar sólo una. Vale la pena nombrar al resto del elenco, encabezado por Woodley (muy interesante, para poner atención a esta promisoria actriz) y Miller, pero también por Robert Forster como el suegro de King. Y por qué no mencionar a Krause cuyo personaje es increíblemente tonto, pero que concentra en su papel todo el contenido cómico del filme y logra hacernos reír bastante.

El tipo de plano con el que Payne me aburre.
Si bien el guión de Payne es muy llevadero y atractivo, se le nota su falta de tino tras las cámaras. Su nominación a mejor director es realmente exagerada y una injusticia para Fincher que no está ternado por La chica del dragón tatuado. Payne cansa con sus primero planos centrados, con personajes dirigiéndose a cámara (hablan y caminan hacia ella) y con imágenes poco cuidadas y faltas de estética. Promediando el metraje se puede hallar una escena en la que varios personajes miran una playa lejana desde lo alto de una colina. Luego de un paneo por sus rostros, Payne opone otro paneo general, en la dirección contraria y desde lo alto que no solo resulta excesivo o inútil desde lo descriptivo, sino que llega a ser algo chocante por la confluencia de movimientos de cámara.

Los descendientes es una película interesante, llevadera y entretenida. También es profunda por momentos y llega a conmover. Es un filme que propone mucho y que nos mete de lleno en los personajes, nos identifica con ellos. Cuenta con un guión sólido y, esporádicamente, se vuelve muy graciosa. Sin dudas es una buena película y es muy recomendable, aunque tenga algunas falencias. Esas falencias son suficientes como para que no se trate de un filme deslumbrante o memorable. Pero no estuvo tan lejos.

TÍTULO: LOS DESCENDIENTES
DIRECCIÓN: ALEXANDER PAYNE
INTÉRPRETES: GEORGE CLOONEY, ROBERT FORSTER
PUNTAJE: 7/10

lunes 20 de febrero de 2012

Viaje a la Suecia profunda

La chica del dragón tatuado.


Ante unas nominaciones a los Oscar bastante peculiares, ya es hora de que este blog intente -humildemente- hacer algo de justicia: que David Fincher no esté nominado como mejor director por La chica del dragón tatuado y Alexander Payne sí esté nominado por Los descendientes es una burla tan grande como la que habrán sentido la mayoría de los trabajadores del cine que no consiguieron ninguna nominación y ven que una película menor como Damas en guerra está ternada en varias categorías.

Una vez más, Fincher nos lleva por el camino del suspenso y la intriga, en búsqueda de un asesino o del esclarecimiento de una muerte. Como ya lo había hecho a lo grande en Pecados capitales (una de mis preferidas en el género, con un guión atrapante, un elenco estupendo y un final para el infarto) y en Zodíaco (la famosa historia del asesino serial conocido con ese mismo nombre, protagonizada por Jake Gyllenhall, Robert Downey Jr. y Mark Ruffalo), aquí nos metemos en el mundo de Mikael Blomqvist (Daniel Craig), un periodista que queda en el centro de la escena cuando un empresario le gana un juicio por calumnias e injurias y debe apartarse de la revista en que trabaja por un tiempo. Justo cuando decide alejarse de su empleo, un viejo millonario (Christopher Plummer) lo contrata para que investigue -así como hizo con el empresario que lo acusó- un asesinato cometido en la familia hace unos 50 años. Investigación mediante, se cruzará con Lisbeth, una taciturna y extrema joven que se dedica a asuntos similares.

Cuando Blomkvist aún trabajaba...
El guión, adaptación del best seller La chica del dragón tatuado, del difunto escritor Stieg Larsson, fue escrito por Steven Zaillian quien continúa cosechando elogios luego de una interesantísima carrera que incluye Despertares, La lista de Schindler, Pandillas de Nueva York, Gangester americano, El juego de la fortuna, entre otras. Aquí se nota que el libro original tiene una atractiva historia para contar (lamentablemente no he leído la novela ni he visto el filme sueco como para hacer las comparaciones pertinentes), pero también se nota la mano de un director consagrado, capaz de hacer de cada escena algo bello,llamativo, atractivo y hasta hipnótico (anímense a decir lo contrario de esa apertura monstruosa durante los créditos, con la música de Trent Reznor y Atticus Ross interpretando Inmigrant Song de Led Zeppelin).

La chica en cuestión, una genial Rooney Mara


Merece la pena mencionar al director de fotografía, Jeff Cronenweth, quién ya trabajó con Fincher en varias ocasiones (entre ellas Red social y El club de la pelea). Sin tener una carrera descollante como la de Zaillian, Cronenweth se está haciendo su lugar en el olimpo del séptimo arte, con estas intervenciones junto a Fincher. Es preciso nombrarlo porque mucha de la oscuridad que exuda este filme es su responsabilidad. Pero no sólo eso: parte de la belleza de las imágenes mencionada anteriormente es también mérito de él.


Lisbeth y su tutor, una tortuosa relación

El elenco funciona muy bien: cada uno de los personajes está muy bien logrado por su intérprete. Desde Daniel Craig en el papel protagónico (un rol muy distinto a Bond: este es un “héroe” temeroso y falible), hasta Christopher Pummer como Henrik Vanger, (el viejo que lo contrata) y Yorick Van Wageningen, como el tutor legal de Lisbeth y Stellan Saarsgaard como uno de los misteriosos familiares de Vanger. Pero sin dudas es Rooney Mara (quizás la hayan visto en Red Social, de Fincher, como la novia que abandona a Jerry Zuckerberg y lo impulsa a idear lo que luego será Facebook, aunque seguramente no la reconozcan) en el papel de Lisbeth Salander la que se lleva absolutamente todos los aplausos. Su oscurísima Lisbeth es avasalladora, desgarradora, culposamente cautivante. Un papel totalmente jugado para esta joven actriz que le pone el cuerpo como si fuera fácil.

La chica del dragón tatuado es una experiencia cinematográfica poderosa, una gran historia, realmente atractiva desde el punto de vista visual y con un pulso cinematográfico que sólo decae un poco en el epílogo, demasiado vago como para resolver tamaña película.Otra vez desde el relato de investigadores, otra vez desde el descubrimiento y la intriga, desde el thriller y el suspenso, Fincher sobresale y nos entrega un filme apasionante, de lo mejor de los últimos meses.

TÍTULO: THE GIRL WITH THE DRAGON TATTOO
DIRECCIÓN: DAVID FINCHER
INTÉRPRETES: DANIEL CRAIG, ROONEY MARA
PUNTAJE: 8/10


Si bien no suelo publicar trailers o partes de la película, si no los convenció la crítica y necesitan un empujoncito más para correr al cine, les dejo los créditos iniciales, el cover de Led Zepellin. Impresionante.


jueves 9 de febrero de 2012

Función doble: novedades en cartelera

50/50 (2012)

Una de las comedias revelación de los últimos meses, que llegó a nuestras carteleras con muy buenas críticas alrededor del planeta fue 50/50, escrita por Will Reiser (productor de varios programas cómicos con poca repercusión aquí, de entre los que se destaca Da Ali G show, con Sacha Baron Cohen) y dirigida por Jonathan Levine (un realizador con cierto renombre por ser responsable de The Wackness, una historia de un psicólogo adicto a la marihuana -Ben Kingsley- y un paciente con el mismo problema), y protagonizada  por Joseph Gordon Levitt y Seth Rogen.

Kyle tampoco lo puede creer
Adam (Gordon Levitt) es un joven de 28 años que no fuma, hace ejercicio y "hasta recicla" como él mismo le aclara a su médico cuando este le informa sin eufemismos que le han detectado un cáncer en el pulmón y sus posibilidades de sobrevivir son, como dice el título, 50 y 50. El filme trata pues de las repercusiones que le genera al muchacho saber que puede morir en poco tiempo. 

Esta película, basada en la historia real de su escritor Will Reiser tiene otro paralelo con la realidad ya que Seth Rogen -que interpreta a Kyle, el mejor amigo de Adam- es realmente amigo de Will Reiser y lo acompañó durante su enfermedad así como lo hace en el filme.

Pese a la seriedad del tema que trata, 50/50 no deja de ser una comedia simple, algo vulgar (Seth Rogen hace casi el mismo personaje de siempre) y en donde toda la comedia pasa por dos lugares: 1) chistes soeces más que nada disparados por situaciones de "levante" (el personaje de Rogen parece tener el único interés de seducir mujeres y trata de distraer a Adam con esos asuntos); y 2) situaciones desafortunadas en las cuales el espectador decidirá reír para no llorar: algo así como reírse de las desgracias.

En terapia
Gordon Levitt brilla una vez más y se va afianzando como uno de esos intérpretes que nos dan ganas de pagar la entrada de cine para ver. Seth Rogen simplemente sirve de partenaire y Anna Kendrick (Up in the air) está desaprovechada en un personaje demasiado soso (está claro que la psicóloga que interpreta es muy inexperta, pero los diálogos durante las sesiones son realmente pobres y superficiales). Por su parte, Anjelica Huston hace una gran labor como la dolida madre de Adam, dentro de una relación madre-hijo muy particular. También participa la muy ascendente Bryce Dallas Howard en un papel que le sienta bastante bien.

Gran vuelta de Anjelica
El guión oscila constantemente entre chistes algo zonzos y situaciones dramáticas que los terminan tiñendo. La más lograda de ellas, sobre el final, en la camioneta, es realmente conmovedora.

50/50 es la más dramática de las comedias que han tenido presencia en cartelera en los últimos años. Con un buen elenco, un guión aceptable, pero un tema importante e interesante de tratar (sumado a la conexión obligada con la realidad del autor), esta comedia termina por destacarse mínimamente del promedio de películas que podamos encontrar entre lo que se ofrece usualmente. No brilla, pero vale la pena una mirada.





TÍTULO: 50/50
DIRECCIÓN: JONATAN LEVINE
INTÉRPRETES: JOSEPH GORDON LEVITT, SETH ROGEN, ANNA KENDRICK
PUNTAJE: 7/10


-o-


Historias cruzadas (2011)

The Help, una de las nominadas a los Oscar, tiene bastante en común con Vidas cruzadas (Paul Haggis, 2004) además de un nombre muy similar: por empezar porque ambas películas tratan sobre el racismo. Mientras que Historias cruzadas se atiene solamente a la discriminación hacia la raza negra en Mississippi durante los años 60, Vidas cruzadas trataba el racismo a más grandes rasgos en Estados Unidos y en la actualidad. Vidas cruzadas terminó siendo la inesperada ganadora del Oscar el año de su estreno batiendo a pesos pesados como Capote, Munich, El secreto en la montaña y Buenas noches buena suerte. Puede haber sido inesperado para muchos críticos, pero en mi caso, fue uno de los premios que más festejé en los últimos años.

El comienzo de una gran amistad...
Se ha dicho que, como El juego de la fortuna, Historias cruzadas logró ser estrenada en el país a fuerza de elogios y nominaciones a premios. Sin embargo, no debería ser una sorpresa que una película de estas características se estrene en nuestro país. Si bien el racismo en Estados Unidos posiblemente no sea el tema preferido para un cinéfilo argentino, lo cierto es que estamos frente a una muy buena propuesta, un filme muy agradable, que difunde su mensaje pero que también cuenta historias particulares atractivas y que hacen que el espectador se interese, tanto por el desarrollo de la historia en general como de los personajes en su especificidad.

Historias cruzadas cuenta la historia de Skeeter (Emma Stone), una joven que quiere convertirse en periodista o escritora y que decide contar la historia de las criadas de Jackson, Mississippi, todas mujeres negras que prácticamente continúan bajo un régimen esclavista que debió haber terminado hace rato. Estas mujeres se acostumbran a criar niñas blancas, rubias y de ojos claros, a enseñarles todo lo que sus madres no quieren o prefieren evitar y con el pasar de los años terminan trabajando para esas niñas que con el tiempo han crecido para ser madres y estar al cuidado de una casa.

¿Tu mucama va al mismo baño que vos? ¡Horror!
Si hay algo que se destaca claramente en Historias cruzadas son sus personajes, construidos con la simpatía suficiente como para interesar al espectador y ejecutados de manera brillante por todo el elenco, principalmente por las multinominadas Viola Davis (una vez más sorprende con una performance sobrecogedora) y Octavia Spencer (ganadora del Globo de Oro a mejor actriz de reparto), pero también por Jessica Chastain, Sissy Spacek y Bryce Dallas Howard -estas últimas quizás con papeles más burdos, demasiado exagerados, pero a pesar de ello muy bien logrados-. Otras dos que merecen una mención especial son Eleanor y Emma Henry, dos pequeñas hermanitas que interpretan a Mae Mobley, la beba que Aibeleen (Davis) tiene que cuidar. En dos o tres breves apariciones las pequeñas logran emocionar, lo que en realidad habla muy bien de la dirección de actores (por algo este filme tuvo tantas nominaciones a "mejor elenco").

Tate Taylor, director con poca trayectoria, adaptó el libro de Kathryn Sockett (Criadas y señoras) y se puso tras las camaras de este filme candidato al Oscar. Se le objeta haber tratado el tema demasiado banalmente, que sus personajes son caricaturescos y extremos (la mala nefasta de Dallas Howard y la buena buenísima de Chastain lo ejemplifican perfecto), sin embargo, todo parece indicar que la idea de Taylor era hacer una película agradable con un mensaje y no un manifiesto antiracista. Supongo que los críticos también nos ponemos extremos cuando se trata de temáticas serias y debemos tomar posición clara. En este caso no lo haré: The Help pasa del momento más dramático y duro de digerir al chiste más inocentón y ese tratamiento edulcorado y poco serio no me parece suficiente como para defenestrar al filme. Al contrario, es cierto que hay películas que tratan el tema del racismo de una manera mucho más lograda, profunda y seria, pero si todas tuvieran un enfoque similar terminaríamos criticando que se parecen demasiado o que no está a la altura de la del pasado.

Celia trata muy bien a Minny
¿Sus personajes son caricaturescos y exagerados? ¿Llevados al límite absoluto? Sí. Pero gracias a esos personajes, el guión logra sacarle el jugo a las situaciones para hacerlas realmente cómicas. A fin de cuentas y pese a la gravedad de algunas escenas, The Help es una película que logra hacer reír de la mano de personajes como el de Chastain -una hiper inocente mujer casada con un millonario- o como el de Spacek -una mujer mayor, casi senil, pero con arranques de lucidez muy oportunos-. De todos los caracteres, quizás el más criticable sea el de la madre de Skeeter, que por no ser extrema si no cambiante, termina desentonando en un filme tan lineal. Sus comportamientos terminan resultando ambiguos y carecen de verosimilitud, por distanciarse de sus actitudes anteriores. Ante la estabilidad y linealidad del resto de los personajes, lo que termina resultando poco creíble es el cambio redentor.

Quizás Historias cruzadas no sea el documento al cual acudamos para entender el racismo en los '60 en una versión cinematográfica. Pero sí podría ser una primera aproximación para alguien completamente desentendido que no busca información como para una tesis pero que sí quiere pasar un momento entretenido frente a la pantalla. Historias cruzadas es una película fácil de criticar, pero también es fácil de disfrutar si uno baja la exigencia y se divierte con su maravilloso elenco.

TÍTULO: HISTORIAS CRUZADAS (THE HELP)
DIRECCIÓN: TATE TAYLOR
INTÉRPRETES: EMMA STONE, VIOLA DAVIS, OCTAVIA SPENCER, JESSICA CHASTAIN
PUNTAJE: 7/10



domingo 29 de enero de 2012

Un poco más de fuerza que de maña

Se comentaba por los pasillos que Warrior era una gran joya del drama deportivo que la cartelera argentina se perdió el año pasado y recién se podrá ver en febrero. Una suerte de Rocky moderna, hasta de Toro Salvaje de la actualidad se ha llegado a escuchar. El director Gavin O'connor (Cuestión de honor, El milagro) ofrecía una historia de luchadores de la vida y de redención -tal como todo filme deportivo-, pero esta vez en el marco de las Artes Marciales Combinadas (ese extraño "deporte" de contacto, mezcla de lucha libre con boxeo y karate que se puede encontrar en el cable a la madrugada en donde dos musculosos se masacran encerrados en jaulas). No caben dudas de que Warrior es una película adrenalínica, intensa y, por momentos, excitante. No por nada causó tal furor desde su estreno en los Estados Unidos. Sin embargo, pese a sus grandes aciertos, el resultado final es algo desalentador.


Warrior cuenta la historia de Tommy (Tom Hardy) y su padre Paddy (Nick Nolte), quienes han tenido una relación turbulenta a lo largo de sus vidas debido al alcoholismo de este último. Luego de catorce años sin verse Tommy regresa a casa de su padre, pero no para reconciliarse, sino para que lo entrene -como había hecho en el pasado- para competir en un torneo de Artes Marciales Combinadas. Del otro lado de la historia está Brendan (Joel Edgerton), un profesor de física de colegio secundario que se embarca en peleas clandestinas para ganar dinero cuando el banco amenaza con quitarle su casa.


Nolte y Hardy brillan como padre e hijo

El guión esconde mucho y dosifica la información a cuenta gotas, lo que hace crecer la intensidad del drama a medida que la historia se va desenvolviendo. Y el drama es intenso de verdad: Paddy se ha recuperado del alcoholismo y se ve feliz de tener a su hijo de vuelta, pero a Tommy no le interesa hacer las paces. Cada intento del padre de acercarse se convierte en un inmediato rechazo. Dicen que el tiempo es lo único que hace olvidar y que puede lograr que la gente perdone, pero Tommy no lo ve así. El abandono, la hostilidad, la madre enferma, el destierro, todos motivos que han ido decantando en el corazón del hijo para endurecerlo y hacerlo impenetrable. Y allí está el mayor acierto del guión, en la narración dosificada, en la información justa en el momento preciso y en la intensidad de un drama que se vuelve importante para el espectador. Los personajes funcionan, nos interesan, queremos saber qué es lo que les pasa y lo que les pasó. Pero ese mismo guión que brilla en esos momentos tiene un costado soso y olvidable: el deportivo. Ojo, no quiero decir que la cuestión deportiva esté mal llevada a la pantalla, sino que el inconveniente es que toda la historia gira en torno a un torneo especial eliminatorio inventado por un empresario que entrega cinco millones de dólares al ganador. Cómo llegan los únicos 16 competidores a participar -en el torneo hay dos competidores que vienen de un pequeño y sucio gimnasio de Pittsburg, uno que parece venir de uno mayor, con cierta chapa, aunque dudosa, y un supercampeón invicto, más malo que la peste y que viene ¡de Rusia!-, por qué hay un premio único, cuáles son las motivaciones que tiene cada uno para justificar estar en ese torneo y qué es lo que arriesgan por ello, son algunas de las falencias con las que cuenta el guión.


En la lona, Tommy no perdona
O'connor filma con sapiencia a pesar de un presupuesto no tan grande (25 millones de dólares no suena a gran cosa para una película de Hollywood) y saca provecho a la selección de planos durante las escenas de peleas (casi los 40 minutos finales completos) al colocar la cámara siempre entre el público, esquivando espectadores, como si ella misma fuera uno de ellos, lo que le agrega grandes dosis de realismo a las luchas y, de paso, evita planos detallados que pudieran hacer ver imprecisiones en las coreografías de los actores. Ellos, por su parte, brindan grandes performances, en especial los cuatro actores principales (Hardy, Edgerton, Nolte y Jennifer Morrison, que interpreta a la esposa de Brendan). Nolte es desolador como este padre atribulado, con el corazón dividido y un pasado que lo condena (está nominado al Oscar por su papel). Y el bestial Tom Hardy -los músculos de la espalda de este sujeto dan miedo: no puedo esperar para verlo como Bane en Dark Knight Rises de Nolan- brilla con su Tommy rencoroso y sufrido en la que seguramente será su mejor actuación hasta la fecha. No está de más decir que los actores contribuyen muchísimo a que la parte deportiva del filme también esté bien actuada y se vea realista.


¿Le saldrá un alien de ahí?
Hay otros detalles en la historia (el guión fue coescrito por O'Connor, Anthony Tambakis y Cliff Dorffman) que distorsionan un relato que podría haberse embellecido de ser más simple o menos rebuscado: Tommy es un militar que luchó en Iraq, por lo que tendrá el apoyo espontaneo de un grupo de jóvenes militares que van a vitorearlo al estadio. Y el gran campeón ruso de Artes Marciales Combinadas no sólo ingresa al ring entononando un himno de guerra ¡sino que lo hace envuelto en una bandera de la Unión Soviética! ("Más malo todavía" debió pensar el que escribió esa escena). Y otra cosa: ¿cuánto suma que el director de la escuela (Kevin Dunn) de la cuál es suspendido Brendan -precisamente por pelear- aparezca alentando al muchacho junto con sus queridos alumnos?


Frente a frente
A medida que el relato deportivo avanza y se va llevando por delante el conflicto familiar, mezclándolo sin demasiado cuidado y de manera algo forzada, las situaciones se van resolviendo sin demasiado tino y elevando el nivel de melodrama de manera exagerada -como si no tuviera suficientes clichés por pertenecer a un género que se copia a sí mismo en cada película, sobre el final se agregan esos planos de caras condescendientes, de cabezas que asienten satisfechas y de "te quieros" desde la platea hasta la lona del ring-. La escena final conjuga todas esas cosas con una música elegida perfectamente y una última toma bastante lograda, lo que vuelve más complicado aún saber si estamos ante una gran película o frente a una más del montón.


Warrior es una película filmada con contundencia y brío, con el pulso correcto para brindar adrenalina y contentar al público ávido de testosterona. Y también tiene dosis de drama muy logradas durante toda la primera mitad del metraje, por lo que debemos concluir que con un poco más de cuidado de los detalles del guión y de la desmesura melodramática sobre el final, hubiera logrado ser esa gran película que escuché que comentaban en los pasillos.


TÍTULO: WARRIOR (2011)
DIRECCIÓN: GAVIN O'CONNOR
INTÉRPRETES: TOM HARDY, JOEL EDGERTON, NICK NOLTE, JENIFFER MORRISON
PUNTAJE: 7/10

viernes 20 de enero de 2012

Bichos no tan raros


El último filme de Ana Katz podría tranquilamente considerarse entre los mejores largometrajes autóctonos del 2011. Sin grandilocuencias ni historias exageradas, pero con un guión sólido y algo escurridizo, actuaciones fenomenales, gran pulso narrativo y la cámara puesta donde debe estar, Los Marziano es un producto que cierra bien por todos lados, porque aunque parece dejar hilos sin resolver, cuenta todo lo que quiere contar en realidad.


Juan sufre una extraña aflicción
¿Qué cuenta Los Marziano? Los pormenores de una familia que podría ser cualquiera: Arturo Puig interpreta a Luis, un hombre serio, de buen pasar económico, que vive en un espectacular barrio cerrado con su esposa Nena (una brillante Mercedes Morán) y que luego de sufrir un accidente al caer en un pozo hecho adrede en el campo de golf del country, dedicará todo su tiempo a descubrir a los culpables. En el otro extremo está Juan (Guillermo Francella), el hermano medio chanta, que vive pidiendo plata prestada y boya de proyecto en proyecto, de lugar en lugar, y que justo cuando todo parecía indicar que finalmente conseguiría un trabajo, sufre una extraña enfermedad que, misteriosamente, le impide leer. En medio de ellos está Delfina (Rita Cortese), una mujer separada a la que no le sobra nada, que trata de mediar en la tirante relación entre sus dos hermanos y entre Juan (que vive en Misiones) y su hija adolescente a quien no ve demasiado a menudo.

El guión de Los Marziano avanza sobre esos frentes para contarnos de a poco lo importante de la historia, que es esa descripción minuciosa de los vaivenes familiares, las trayectorias de vida de sus integrantes, las decisiones de unos, las críticas de otros, los enojos, las separaciones, las recriminaciones y las mediaciones que existen en todas las familias y que se hacen más presentes cuando los hermanos ya no son solo hermanos sino también padres, tíos, tutores o encargados.

A Luis lo obsesionan los pozos en su country
Si hay algo que se destaca particularmente por sobre el guión es el conjunto de actores que la protagonizan, una verdadera orquesta con lucimiento tanto grupal como individual. El Luis amargado y recio de Arturo Puig es sencillamente demoledor, un personaje tan simpáticamente construido (podemos verlo obsesionado con los pozos del country, sofocado por una esposa que no le hace caso y a la que no quiere hacer caso, mezquino con el jugo de naranja y hasta desubicado al divertirse con su sobrina) como sobriamente ejecutado. Guillermo Francella vuelve a destacarse en el cine con un papel "semi-serio" (como en El secreto de sus ojos, no es payasesco aunque sobre él recaiga la mayoría de las secuencias cómicas) y le saca el jugo tanto al rol humorístico como al dramático. Mercedes Morán demuestra que el papel de señora bien le encaja mucho mejor que los miles de papeles de mujer de clase media que ha hecho: su esposa cheta, bonachona aunque mentirosa, es un verdadero deleite. Por último, Rita Cortese vuelve a dejar en claro que es una de las mejores actrices argentinas aun cuando los papeles no le exijan demasiado.

Nena, genial composición de Mercedes Morán
Es necesario remarcar la estilizada dirección de Ana Katz, que acierta en cada plano logrando belleza y hasta suspenso mediante la inteligencia en la elección de los planos.

Los Marziano podrá no ser una película popular, ni la típica de Francella, ni una comedia desopilante y tampoco un drama intenso, y dejará a muchos con sentimientos encontrados hacia el final, pero es una gran película que describe con sinceridad y de forma entretenida los entretelones de una familia común y corriente.


TÍTULO: LOS MARZIANO (2011)
DIRECCIÓN: ANA KATZ
INTÉRPRETES: ARTURO PUIG, GUILLERMO FRANCELLA, RITA CORTESE, MERCEDES MORÁN
PUNTAJE: 8/10

PD: Si bien soy un acérrimo crítico de la gestión macrista en la ciudad, debo confesar que asistí a la proyección de esta película en el "Autocine en el Rosedal", una iniciativa del gobierno porteño que mezcla el entretenimiento urbano con la difusión de algunas películas interesantes del cine nacional e internacional. Este sábado (21 de enero) proyectarán El estudiante, una de los filmes argentinos con mejores críticas del año pasado.

PD2: Los Marziano fue nominada a los premios Sur como mejor guión. El premio lo ganó, precisamente, El estudiante, pero debo confesar que cuando descubrí que Yayo fue nominado como actor revelación por Fase 7, comencé a dudar de la calidad de estos premios...


miércoles 18 de enero de 2012

2x1: comediantes femeninas


Por un lado, Cameron Díaz, cara conocida del cine, en especial del cine de comedia. Por otro Kristen Wiig, con pocas apariciones en la gran pantalla. Detrás de cámaras dos directores con poca experiencia en largometrajes: Jake Kasdan y Paul Feig, ambos con varios trabajos para televisión en las series más conocidas de los últimos años. Por último, los guionistas de The Office contra la propia Kristen Wiig en su primera incursión en un libreto junto con Annie Mumolo, también con muy poca trayectoria. Hoy tenemos un dos por uno de comedias de mujeres... veamos con cuál te quedás.

Malas enseñanzas (2011)
La nueva incursión en la comedia de la algo gastada Cameron Díaz (si bien su carrera tuvo altibajos, no podemos ser contemplativos con una película como Lo que ocurrió en Las Vegas...) prometía bastante: la idea de una atractiva maestra de primaria con un total desinterés por la enseñanza y sus alumnos parecía ofrecer bastante en contraste con la clásica figura del profesor comprometido que da todo por los estudiantes. A Elizabeth Hasley (Díaz) lo único que le interesa en la vida es levantarse a un tipo que le pague una vida de lujo. Y ya tenía todo abrochado hasta que su futuro marido se da cuenta y la abandona. Perdido por perdido, Elizabeth retoma el trabajo en el colegio del que había renunciado hacía tan sólo unas semanas.

Sin embargo, la vuelta de tuerca que le intentan dar los guionistas de The Office (de la versión estadounidense, Lee Eisenberg y Gene Stupnisky) pareciera ir demasiado lejos: Elizabeth no sólo no le interesa dar clases o respetar en lo más mínimo a su alumnado, si no que ni siquiera pareciera hacer lo mínimo e indispensable como para conservar su trabajo. A Dewey Finn (Jack Black), el protagonista de Escuela de Rock, le pasaba algo similar, pero al menos parecía preocupado por mantener su puesto. Y con el tiempo, también se terminaba interesando por sus alumnos. Elizabeth sólo muestra entusiasmo cuando aparece por los pasillos de la escuela un apuesto y casualmente rico profesor interpretado por Justin Timberlake. Y si a eso le sumamos que otra colega es demasiado estricta con las actividades y se la pasa vigilándola, el hilo que sostiene el interés en la verosimilitud (ok, es una comedia zonza, pero no por eso debería dejar de tener un sostén creíble) decae estrepitosamente.
Aún peor es el desarrollo del personaje principal que eligieron los guionistas. Si realmente lo único que le interesa a Elizabeth es un novio que la mantenga para tener una vida fácil y su desinterés por el resto del universo es tal como se muestra en el comienzo del filme (Elizabeth pasa los primeros meses de clases pasando películas en lugar de dar clases de literatura, maltrata a sus alumnos, se emborracha y se droga en la puerta del colegio, hace una exhibición pública lavando coches y se queda con los fondos recaudados...) entonces no deberían alcanzarnos 40 minutos más de metraje para convencernos de que puede cambiar...

En ese despilfarro de maldad que ejerce el personaje de Cameron Díaz, algunos personajes secundarios ofrecen algunos momentos de risa: en especial el profesor interpretado por Timberlake (un idiota incurable) y la maestra que personifica Lucy Punch (que trabajó últimamente en Conocerás al hombre de tus sueños, de Woody Allen, como la novia del personaje de Anthony Hopkins), una maniática cuyo único interés es el de ser reconocida como la mejor por el resto de los profesores. Un compendio de personajes completamente exagerados en donde el único que parece un tipo común y corriente es el de Jason Segel (el protagonista de Olvidándome de mi ex, siempre parsimonioso y tristón, pero algo desaprovechado en un papel que no le da lugar para demasiadas risas.
Con un guión flojo, de personajes intermitentes y vacuos, Malas enseñanzas se queda en intentos y no sé decide si quiere ser mala, vil, vengativa y egoísta o simplemente una comedia más con la historia de siempre y la moraleja sobre el final. Cuando sobre el final del metraje el peso argumental va decantando esta última idea, ese comienzo que parecía promisorio -aunque en realidad fuera una ilusión del espectador por ver algo diferente y audaz- se diluye en los clichés de siempre condimentados con alguna que otra maldad y alguna que otra incursión en lo políticamente incorrecto y nos deja con sabor a poco.

Malas enseñanzas es una comedia que se vende distinta, que aparenta personalidad, pero que carece de brillo y cae en los mismos errores que la gran mayoría. Es digna de algunas risas y tiene algunas actuaciones interesantes, es cierto, pero no deja de dar la impresión de que podría haber sido mucho mejor.

TÍTULO: BAD TEACHER (MALAS ENSEÑANZAS, 2011)
DIRECCIÓN: JAKE KASDAN
INTÉRPRETES: CAMERON DIAZ, JASON SEGEL, JUSTIN TIMBERLAKE, LUCY PUNCH
PUNTAJE: 5/10

Damas en guerra

Lo primero que llama la atención de Damas en guerra es su protagonista: Kristen Wiig (también responsable del guión, como aclaramos en el prólogo) no es una cara conocida por nuestros pagos y sin embargo posee una química en pantalla que engancha al espectador de inmediato. Salida de la hiperprolífica cantera de Saturday Night Live (al igual que su coprotagonista Maya Rudolph), esta muchacha no sufre ningún pánico escénico a la hora de saltar a un protagónico en la gran pantalla y, sencillamente, se come la película.
En una comedia esencialmente femenina y muy "moderna" (con ese estilo tan despreocupado y tan semi improvisado de las películas humorísticas de estos tiempos), su simpatía es el primer rasgo destacable del filme y que hace que Damas en guerra sea una película que uno puede recomendar, con reservas.
La historia dice que Lillian (Maya Rudolph, protagonista de Away we go) se va a casar y su amiga de toda la vida Annie (Kristen Wiig) va a ser su dama de honor, junto con otras 4 mujeres, entre las cuales se encuentra Helen Harris (Rose Byrne), una amiga de la novia que se ha hecho muy cercana en los últimos tiempos. Annie era repostera, pero tuvo que cerrar su tortería cuando las cuentas dejaron de cuadrar. Y su novio la abandonó. Y se tuvo que mudar y compartir un departamento con un inglesito bastante peculiar, que llevó a vivir a su hermanita al hogar pero no quiere que contribuya con la renta. Y trabaja en una joyería convenciendo a cada pareja que va a comprar alianzas que en realidad el amor nunca es para siempre. Y su madre le recuerda que "lo bueno de estar en el fondo es que no se puede seguir bajando"... Cuando Annie conoce a Helen, la nueva preferida de Lillian, una cheta agrandada y superficial que se la pasa fanfarroneando de sus viajes y sus billetes, no puede más que odiarla. Y el asunto empeora cuando los planes de cada una para organizar los eventos previos a la boda empiecen a contradecirse.
A partir de allí comenzarán los clásicos enredos que toda comedia tiene que irán increscendo a medida que avanza el metraje. Como no puede ser de otra manera en una comedia estadounidense, el espectador es sometido a -cuanto menos- una escena de humor escatológico: si esto no sucediera, no estaríamos frente a una comedia yanqui (¿será una regla impuesta por las productoras?). En este caso, la secuencia llega a límites insospechados (se incluyen vómitos, vómitos sobre vómitos, una mujer subida de peso haciendo sus necesidades en un lugar insospechado y frente a otras damas muy paquetas... en fin) y posiblemente sea la más recordada del filme: ustedes sabrán catalogar eso como bueno o malo.
Los personajes secundarios que acompañan a la historia (en especial el resto de las damas de honor) contribuyen con algunos momentos cómicos en el filme aunque su desarrollo en sí no esté del todo logrado: dentro del conjunto tenemos a Rita (Wendi McLendon-Covey), una mujer harta de su matrimonio y, especialmente, de sus salvajes hijos; a Becca (Ellie Kemper), una recién casada hiper inocente y positiva -estos dos personajes tienen un pico de protagonismo y se esfuman sobre el final-; y esencialmente Megan (Melissa McCarthy, de la serie Mike and Molly), la desquiciada cuñada de la novia, una indescifrable mujer dispuesta a cualquier cosa y cuyos intereses nunca están demasiado claros. También forma parte del elenco el irlandés Chris O'dowd (protagonista de la serie The IT crowd, que se transmite por I-Sat, por lejos el mejor canal del cable convencional) como el muchacho común que puede enamorar a Annie y sacarla de sus miserias.
¿En qué falla Damas en guerra? Principalmente en el largo de su metraje (más de dos horas para una comedia tontuela siempre parece demasiado, y aún más si el resultado final es tan igual a todo el resto de las comedias que podamos encontrar) y en un guión que acierta más en el desarrollo de cada conflicto que la disposición de los mismos. ¿Y por qué acierta en el desarrollo de los conflictos? Porque en cada uno de ellos aparece una Kristen Wiig brillante, atractiva, chispeante, alocada. Su personaje sí está bien desarrollado, sí tiene profundidad, sí logra preocuparnos y hacernos sentir empatía. Tanto en su personalidad explosiva (Annie puede discutir como una niña con una adolescente en su puesto de trabajo o destruir todos los arreglos de una lujosa fiesta -ojalá esa sea la escena más recordada del filme- y siempre nos ponemos de su lado), en sus celos ante Helen, en su desconcierto ante sus extraños compañeros de casa o ante el amor abrasivo de su madre o en su desconfianza para con todo el género masculino, el personaje siempre nos da algo con lo que nos podemos identificar.
Damas en guerra es todo lo buena que es porque Kristen Wiig está en ella y es todo lo mala que es porque ella misma falló al desarrollar el guión. Con esos elementos en la balanza, termina pesando más el primero y, con reservas, podemos decir que estamos ante una buena comedia. Entretenida, a veces chistosa y con una humorista muy talentosa en pantalla durante casi toda la historia. Y con eso nos quedamos.

TÍTULO: BRIDESMAIDS (DAMAS EN GUERRA, 2011)
DIRECTOR: PAUL FEIG
INTÉRPRETES: KRISTEN WIIG, MAYA RUDOLPH, ROSE BYRNE
PUNTAJE: 6/10


lunes 26 de diciembre de 2011

El gran DT

Moneyball (El juego de la fortuna, 2011).

- Bueno, en realidad Billy Beane no es DT, es Gerente de un equipo de béisbol.
- ¿De qué?
- Béisbol, ese deporte en el que un tipo tira la pelota y otro del bando contrario intenta batearla fuera del estadio. Y si queda adentro, todos corren de acá para allá.
- ¿Y qué hace en la cartelera argentina una película sobre béisbol, si nosotros no cazamos un fulbo de eso?
- Bueno, lo tiene a Brad Pitt en el poster y probablemente esté nominada al Oscar el próximo año. Aparte, es un drama deportivo de superación personal. Tiene chapa para ser premiada.
- ¿Y ganará algo?
- Y... No creo...

El juego de la fortuna es la nueva película de Brad Pitt, basada en una historia real, sobre cómo un hombre cambió la forma de reclutar jugadores para armar equipos de béisbol. Billy Beane (Pitt) es un ex jugador devenido en gerente y "scout" (buscador de promesas, podríamos decir). Su modesto equipo, luego de perder una final contra los poderosos Yankees, queda diezmado porque tres de sus jugadores más importantes dejan la plantilla. La tarea de Beane y su grupo de colaboradores (unos pintorescos viejos que hablan de los posibles reemplazos como si estuvieran en la mesa de un bar) es conseguir nuevos jugadores con poco dinero para mantener un cuadro competitivo. En un intento de negociar con otro gerente por un jugador, Beane conoce a un joven economista (Jonah Hill, el protagonista de Supercool) con una extraña visión del deporte que lo ayudará a reformular el equipo que necesita. Basándose en las teorías del estadista y estudioso del béisbol Bill James, se dedican a analizar científicamente las características de los jugadores para sacar un número absoluto que les dijera quién es mejor y quién es peor, dejando de lado otro tipo de análisis más instintivos o de observación. Como si estuvieran jugando al Gran DT en vez de armando un equipo de verdad.

Billy Beane no soporta ver los partidos en vivo...

El guión de dos pesos pesados como Aaron Sorkin (Red Social) y Steven Zaillian (La Lista de Schindler, Gangster Americano, Pandillas de Nueva York) mantiene el interés del espectador a lo largo de las más de dos horas de metraje, con algunos esporádicos y pequeños gags y con una mayoría de elecciones correctas a la hora de elegir qué contar del libro de Michael Lewis en el que se basaron.

La dirección también corrió por cuenta de un hombre con buenos pergaminos como Benett Miller, director de la aclamada Capote protagonizada por Philip Seymour Hoffman. Y pareciera que el manager de este equipo creativo se maneja como los administradores a los que Beane no se quiso parecer porque lo llenó de nombres famosos: en la dirección de fotografía trabajo el increíble Wally Pfister (El caballero de la noche, El origen, Memento), artista fetiche de Christopher Nolan.

Jonah Hill interpreta al genio de las estadísticas
El elenco está liderado por Brad Pitt, que una vez más cumple con una muy buena labor. Habría que preguntarse si todas esas escenas en las que aparece masticando algún tentempié y haciendo muecas con la boca habrán sido por parecerse al verdadero Beane o si serán algún capricho del director o del propio actor. Otro que cumple con creces su trabajo es Jonah Hill que finalmente aparece en un film en donde no está dedicado a la comedia y, pese a que mantiene su papel de tímido y retraído como en tantos otros largometrajes, logra una performance convincente. Ellos dos protagonizan la gran mayoría de las escenas del filme, pero los acompañan el genial Philip Seymour Hoffman como el entrenador de equipo y Robin Wright como la ex esposa de Beane entre los más conocidos aunque con breves apariciones y un vasto grupo de actores que interpretan a diferentes miembros del equipo, de entre los que se destaca Chris Pratt como Hattenberg, uno de los jugadores elegidos por Beane que el entrenador relega del equipo.

El entrenador y el gerente no se llevan muy bien.
El juego de la fortuna tiene un inconveniente fundamental para un mercado como el argentino que es demasiado grande como para no tenerlo en cuenta: se trata de una película sobre béisbol, un deporte sobre el que el argentino promedio no sabe ni un poco. Tener que escuchar a los protagonistas hablar durante dos horas de cosas que no le son ni siquiera mínimamente familiares puede ser realmente molesto. Tan sólo imaginense estar en la sala de cine y escuchar hablar de "enbasarse", "fildeo" o "hacer base por bolas" y tratar de descifrar de qué diablos están hablando o si hacer esas cosas es bueno o malo. Sin embargo, hay otro problema del filme que tiene que ver directamente con el género: las historias deportivas de superación personal pueden terminar con protagonistas vencedores o vencidos, con campeones o subcampeones, con final feliz o no tanto, pero sí o sí necesitan tener algún tipo de éxito individual o grupal como resultado. Cuando uno ve una historia de estas, está viendo casi siempre la misma, aunque a veces se trate de boxeadores, a veces de futbolistas, a veces de entrenadores o de gerentes, como en este caso.

En conclusión, El juego de la fortuna es una película bien hecha, entretenida, con una historia que merece a duras penas ser contada, con un elenco fuerte y grandes artistas tras las cámaras. Y sin embargo, aunque el combo es insuficiente para lograr un filme inolvidable, el resultado final paga la entrada de cine.

TÍTULO: EL JUEGO DE LA FORTUNA
DIRECCIÓN: BENETT MILLER
INTÉRPRETES: BRAD PITT, JONAH HILL
PUNTAJE: 7/10




viernes 4 de noviembre de 2011

Algo así como gracioso... pero no tanto.


It's kind of a funny story (2011)




Es difícil catalogar a una película como I'ts kind of a funny story porque se trata de un híbrido de géneros que no se aferra a ninguno en particular. En principio pareciera ser una comedia, aunque las sonrisas (risas directamente no hay) son realmente pocas. También trata temas serios, pero desdibuja su profundidad a medida que avanza el metraje. Por último, aspira a una historia de amor y sin embargo no logra una empatía sincera entre esa parte de la historia y el espectador. Podríamos creer que entonces no vale la pena, pero también es cierto que es un filme que cuenta con el mejor trabajo de la trayectoria de Zack Galifianakis, por primera vez en un personaje serio (algo trastornado, eso sí) y con una performance muy medida y muy sentida, y tambien cuenta con una joven promesa llamada Keir Gilchreist, que con sólo unas pocas participaciones en cine (se destaca Dead Silence, una de terror del creador de Saw, James Wan) y otras tantas en series (un papel importante en United States of Tara, la serie protagonizada por Toni Collete) ha conseguido un protagónico de importancia.

Keir Gilcrhist, el conflictuado protagonista
It's kind of a funny story cuenta la historia de Craig, un joven de 16 años que se quiere suicidar, pero no se anima. Preocupado por su estado, el muchacho se presenta en la guardia de un hospital, un sábado a las 5 de la mañana. Luego de que el médico trate de despacharlo y de que él insista con la necesidad de "una pastilla" o algo que le haga quitarse las ganas de morir, el joven terminará internado en el sector de psiquiatría del hospital.


La sobrina de Julia Roberts, la chica en cuestión.
Desde un comienzo, la película parece ser una radiografía de los problemas de los jóvenes de esta generación, estresados por las presiones cotidianas y en busca de la solución mágica que los haga olvidar todo. Al inicio, el filme plantea de manera interesante un par de hilos para tratar: la ansiedad adolescente, las presiones comunes de un joven norteamericano (tener que estudiar, tener que decidir qué hacer de su vida, la obligación de cumplir con las expectativas de su padre, los primeros rechazos amorosos y la constante inquietud de no saber a dónde apuntar, etc.), la cultura de la farmacología ( esa tendencia a "one pill for every ill"), los pormenores de un loquero (con sus totalmente dementes, sus apartados sociales, sus suicidas y sus eternos deprimidos) y también cómo el joven fuera de su ambiente va descubriéndose a sí mismo. Sin embargo, el filme pasa cerca de todas esas temáticas y sólo apunta a la última, la más trillada de por sí, y las más fácilmente previsible de todas. No pasan 20 minutos de metraje cuando el espectador avezado se da cuenta de que contrastar sus "problemas" con los de un verdadero psicótico es la forma en que el joven comprende que nada está tan mal. Eso y el amor, claro. Un amor con Emma Roberts nos podría curar de cualquier pesar.

Como toda historia de loqueros, esta también nos remite directamente a One flew over the cuckoos nest (Milos Forman, 1975), con este joven forastero rodeado de pacientes psiquiátricos que no comprende y con algún amigo no tan loco que le va mostrando el lugar. Pero hasta ahí llega la comparación. Todo lo que aquella tenía en profundidad en los personajes y en intensidad actoral aquí se vuelve simplificado y previsible, licuado y esperable. Lo más criticable de este filme es que plantea conflictos que se van resolviendo sin la más mínima dificultad y termina demasiado rosa para lo que prometía en un comienzo (recuerden a Muqtada bailando, si no...).

Zack, loco pero no tanto
Anne Boden y Ryan Fleck, de corta pero vitoreada trayectoria en la dirección, son responsables de este filme. Una vez más, apelan su estilo al ritmo fotográfico ya visto en las comedias independientes de los últimos años. Antes habían trabajado juntos en Half Nelson (la historia de un profesor adicto a la marihuana que se hace amigo de una alumna) y en Sugar (sobre un adolescente dominicano que es convocado a jugar al bésibol en USA). Logran salir airosos una vez más desde la dirección, pero todo hace pensar que con un poco más de desarrollo de los hilos que se plantean en un principio, el guión (basado en una novela homónima de Ned Vizzini) podría haber sido mucho mejor.

It's kind of a funny story no es más que eso: una historia casi graciosa (¿cuál será el motivo por el cual los guionistas norteamericano suelen endilgarle a sus protagonistas algún síndrome digestivo que los haga producir escenas escatológicas cada dos por tres? No piensen en una de Eddie Murphy, más acá en el tiempo y en el buen gusto tenemos a Jesse Eisemberg en Zombieland), casi entretenida, casi malograda, con un buen elenco sobrellevando un guión modesto, que podría haber explotado mejor su potencial y se queda con la historia más convencional. Aunque no deja de ser un pasatiempo agradable para una tarde de lluvia aburrida, si te la encontrás de casualidad en el cable.

TÍTULO: IT'S KIND OF A FUNNY STORY
DIRECCIÓN: ANNE BODEN Y RYAN FLECK
INTÉRPRETES: KEIL GILCHREIST, EMMA ROBERTS, ZACK GALIFIANAKIS
PUNTAJE: 6/10

TOP TEN 2010


(Se suponía que este post fuera lanzado a principio de año, pero por algún motivo que realmente ya no recuerdo, había quedado archivado a pesar de estar listo desde hace varios meses. Se los entrego tal y como fue escrito en su momento, porque no vale la pena nada más que esta zonza aclaración).

¡Sí, sí, señores! Se hizo esperar, pero ha llegado. El post más esperado de la comunidad bloggera (?), el balance total y absoluto de los estrenos comerciales del año pasado está aquí, por tercer año consecutivo. Ya pasó Navidad y fin de año, pero si te quedó algún espumante para descorchar, este es el momento... Con ustedes, el TOP TEN de las mejores películas del año 2010.


NÚMERO 10: Enterrado.

Quizás la película más pequeña del mundo, con una locación única: un cajón. Allí dentro transcurre toda la acción de un filme de una hora cuarenta, con un fenomenal Ryan Reynolds poniéndole la cara (y el cuerpo) a absolutamente todas las escenas del metraje. Ante grandes producciones, despliegues inmensos y películas que ganaron y ganarán premios importantes y que se han quedado fuera del ranking, comenzamos este conteo con esta pequeña película de Rodrigo Cortés, que nos enseña que cuando el guión es bueno, podemos contar una gran historia hasta encerrados bajo tierra.

NÚMERO 9: El rati horror show.



Una vez más, Enrique Piñeyro demuestra su valentía al ocuparse de desenmascarar las irregularidades del caso Carrera, un joven que fue baleado por policías que vestían de civil mientras manejaba su auto y que terminó preso por matar a tres personas en un accidente (el cual ocurrió mientras las balas policiales le atravesaban el cuerpo). Un caso de corrupción que debe conocerse se transforma en las manos de Piñeyro en un documental obligatorio, pero también muy entretenido por la manera en que el director/actor/relator/protagonista nos cuenta esta trágica historia. El rati horror show podría haber sido aún mejor si enfrentara a los "malos" cara a cara y no a través de metafóricos muñecos, pero aún así es de lo mejor del año.

NÚMERO 8: El ilusionista.

Sylvain Chomet ya nos había deslumbrado con Las trillizas de Belleville y con El ilusionista, con un guión de Jacques Tati y un personaje emula a ese actor y mimo francés, confirma que su capacidad para contar historias bellas a través de magníficos dibujos es incalculable. Una tierna y melancólica historia sobre un mago que conoce a una jovencita y la termina adoptando, pero también una hermosa forma de contar como las viejas artes (magos, payasos, ventrílocuos) se van quedando de lado frente a las nuevas formas de entretenimiento.

NÚMERO 7: Kick-ass.


El director inglés Matthew Vaughn, conocido por su thriller Layer cake (2004) con la presencia de un Daniel Craig pre-Bond, se embarcó en el alocado proyecto de contar la historia de un adolescente fanático de las historietas al que se le ocurre personificar a un superhéroe para hacer de este un mundo mejor. Claro que al no tener superpoderes ni una empresa que fabrica armas o tecnología, ni siquiera un cuerpo atlético o habilidad para pelear, las cosas no saldrán tan bien como espera. Con la ayuda de Big Daddy y Hit Girl (dos superhéroes algo más serios) deberán desbaratar una banda de mafiosos.
Se trata de un lime total, una película altamente violenta (y en la que en muchos casos la protagonista de esa violencia es una pequeña niña, la genial Chloe Moretz) y muy entretenida, filmada con un ritmo y una intensidad envidiables y con un elenco que cumple muy bien su trabajo, tanto el joven Aaron Johnson -un actor con muy poca experiencia cinematográfica- como el reivindicado Nicholas Cage o la ya nombrada Moretz. Una película muy divertida para quienes sean capaces de soportar tanta locura junta.

NÚMERO 6: El hombre de al lado.

La única película que había visto de la dupla Cohn-Duprat fue el "documental" Yo, presidente (2004), una película boba y muy mal hecha, con un valor periodístico nulo, que intentaba mostrar la superficialidad y la hipocresía de los últimos mandatarios argentinos. Este año me topé con El hombre de al lado, una ficción sobre un cheto que tiene que lidiar con un vecino groncho y bastante pesado. El filme es genial no sólo en la manera de presentar estos dos mundillos opuestos, sino también en la forma de retratar a la sociedad toda (el final, en donde se ve la interacción entre la clase baja, la clase media y la clase alta, lo dice todo). La dupla protagónica es muy buena y Daniel Araoz se lleva los laureles a pesar de que en el climax de la película podría haber sido más convincente. Una gran propuesta nacional en un año bastante bueno para el cine argentino.

NÚMERO 5: Atracción peligrosa.

Con este thriller de acción clásico y algo trillado, Ben Affleck vuelve a demostrar que es un gran

director y nos obliga a anotarlo en nuestra lista de elegidos. Había sorprendido a todos con Desapareció una noche y con The town tenía que revalidar todo lo bueno que había hecho. El filme no es necesariamente mejor que el anterior, pero al menos se pone a la misma altura. Y Affleck también se reivindica desde la actuación, con una performance de las mejores que nos haya brindado. Con escenas de acción como para poner en un cuadrito y la mano de Alexander Witt -director de segunda unidad- que se nota y bien, Atracción peligrosa es una de las películas de acción del año a pesar de no tener una historia que innove demasiado. Bien por Affleck una vez más y esperaremos con ansias su próximo filme.

NÚMERO 4: Carancho.

Con su nueva película, Trapero probablemente nos haya presentado su mejor obra. La historia de amor enfermo entre un abogado aprovechador y una médica novata que hace sus primeras experiencias en una guardia de un sórdido hospital no es sólo eso sino una radiografía de una porción de la realidad argentina, bonaerense o por qué no latinoamericana. El director nos tiene acostumbrados a este tipo de películas en donde centra su atención en una parte del mundo que muchos ignoran: en Leonera nos metíamos en el mundo de una mujer en la cárcel, en El bonaerense, de un joven del interior recién alistado a la Policía de la Provincia de Buenos Aires y aquí conocemos el nefasto trabajo de Sosa y la triste realidad de la joven doctora.
Con un guión contundente, una fotografía y una calidad de imagen excelentes y un notable trabajo de dirección -que incluye planos secuencias, efectos especiales y primeros planos asfixiantes-, Trapero se afirma como uno de los grandes directores argentinos del momento. Por algo fue elegida para competir en los Oscar como mejor película extranjera.

NÚMERO 3: El origen.


¿Qué queda por decir de esta superproducción de Christopher Nolan? Debatida hasta el hartazgo, El origen ha sido amada y odiada por igual. Hubo críticos se han sacado los ojos para explicar que esta grandilocuente obra no tiene sentido, es autoexplicativa y cae en baches de guión imperdonables, mientras que otros han festejado la manera hipnótica, imaginativa y potente en que Nolan narra una esta volada historia de espías del inconsciente. Con el pasar de los meses, el fanatismo que me causó esta película ha ido amainando y por un momento dudé si se merecía un tercer puesto en este ranking. Y me terminé inclinando más por la segunda camada de críticos. Puede que las reflexiones posteriores me hayan hecho sentir que la película no era tan buena como cuando la vi -dos veces- en el cine, pero nunca llegaría a creer que es una mala película o una estupidez, como han planteado muchos laureados críticos. Lo que Nolan ofrece es un mundo que él mismo creó, así como lo hizo Cameron con Avatar, sólo que el guión, pese a sus falencias, está mucho mejor construido, la narración es impecable (pese a algunas sobreexplicaciones y algunos huecos sobre el final) y las escenas son mucho mejores porque no se trata animación computarizada en todo momento. Por todo eso, sigo respetando el 9 que se ganó en su momento.

NÚMERO 2: La isla siniestra.


Marty ya hizo su camino con dramas históricos, deportivos y mafiosos increíbles, así que ahora le pareció incursionar en algo distinto... como el thriller psicológico. ¿Qué tul? Fantástico. Todo le sale mejor, mucho más intenso e interesante que en sus policiales y aquí la intriga crece y crece hasta dejarte sin aliento. Con climas a lo Kubrick, Scorsese se luce y hace brillar a un actor de talla como Leo DiCaprio. Alucinaciones, terror, algo de surrealismo y poesía en las imágenes. Suspenso creciente, intriga bien dosificada y un gran final hacen de esta película un clásico instantáneo.


NÚMERO 1: Toy Story 3.


Es difícil que en un año haya tanta unanimidad entre la comunidad para elegir a la película preferida. Decir que Toy Story 3 es la mejor de la saga sabe a poco y decir que es la mejor del año, ¡ya aburre! La historia de estos juguetes que quedan relegados porque su dueño ha crecido es por lejos, lo más emocionante del año. Con escenas realmente conmovedoras y diversión por doquier, Toy Story 3 no solamente cierra una saga que será de las más recordadas del cine de animación, sino que se erige como una obra maestra no sólo entre las historias de dibujos animados sino transgrediendo las fronteras de los géneros. Pixar lo hizo una vez más, pero esta vez, mejor que nunca. Felicitaciones.


Y a ustedes, amigos, ¿qué les parece el ranking?

Qué bueno sería que no existieras...


Quiero matar a mi jefe (2011)


Más que una comedia disparatada, Quiero matar a mi jefe es una fantasía común de muchos trabajadores hecha película. Y, claro, a partir de allí, es una comedia disparatada. ¿Quién no ha sufrido a algún jefe de esos malos, de esos guachos que parece que hicieran todo lo posible para que uno la pase mal? ¿Y acaso nunca se nos ocurrió, luego de la peor conversación con su superior, arrojarlo por la ventana del piso 18? Bueno, a los protagonistas de este filme les pasa también. La única diferencia es que deciden llevarlo a cabo.


El trío protagónico: Day, Sudeikis, Bateman. Hilarantes.
Lo primero que se destaca de esta comedia es su efectividad para generar risas. Siguiendo ese estilo zafado, irreverente y hasta semi improvisado de las comedias actuales (pensemos en Todd Philips o Judd Apatow, con sus diferencias), Quiero matar a mi jefe se apoya en una idea interesante y se desarrolla sobre un guión desparejo, poco serio, desprolijo, pero hilarante, que se apoya principalmente en tres grandes actuaciones protagónicas (Charlie Day, Jason Bateman y Jason Sudeikis) y en estupendas participaciones secundarias de Kevin Spacey, Jennifer Aniston, Colin Farrel y Jamie Foxx. Todos estos grandiosos actores aportan una cuota de calidad a un filme que podría no necesitarla. Especialmente Kevin Spacey, que es en parte responsable de que una larga lista de películas formen parte de las listas de preferidas de muchos cinéfilos, como por ejemplo Pecados capitales, Belleza americana o Los sospechosos de siempre -estas dos últimas le valieron un Oscar- participa de varias escenas geniales que por sí solas valen el precio de la entrada de cine.

El jefe de Nick se ríe de su dolor
El extraño guión se sostiene con una serie de situaciones hilarantes concatenadas, aunque nunca abandona el nudo central de la historia que plantea. De principio a fin, se plantea el objetivo de eliminar a sus jefes y el cierre del filme es cuando ese fin se resuelve. En el camino, se dan las situaciones y los diálogos más extraños. Como ejemplo, cuando dos de ellos discuten sobre cuál de los dos sería más violado si estuvieran en la cárcel. No se puede decir que sea un guión profundo o interesante, pero muchos de estos diálogos -que según muestran las escenas quitadas del producto final durante los créditos parecen haber sido logrados en base a ensayo y error, a improvisaciones- son realmente efectivos. Y la mayor parte del crédito no se debe tanto al contenido en sí de esas líneas, si no a quienes lo dicen, cada uno de los personajes que no podríamos decir que son "complejos" pero sí bien construídos y fieles a sí mismos.

Jamie Foxx es un ¡consultor de asesinatos!
Su director, Seth Gordon, tiene mayor trayectoria en el ámbito del documental (realizó The King of kong, un celebrado filme sobre videojuegos) que en el de la ficción, en donde su único antecedente es una comedia navideña de poca monta con Reese Witherspoon y Vince Vaughn (Four Christmases), pero se ve que aprendió mucho de sus experiencias como director de varias de las sitcoms más famosas de la TV norteamericana, como Modern family, The office y Parks and recreation, porque Horrible Bosses demuestra una gran efectividad a la hora de hacer reír.

Nada que se pueda decir de los apartados técnicos (hay alguna persecusión bien lograda y algún detalle de edición bien elegido) es realmente determinante a la hora de analizar esta película. Sólo se podría agregar que la resolución del guión parece sacada de otra película, porque ya a partir de que el conflicto debe resolverse hay un viraje hacia lo "detectivesco" que esta justificado por buscarle solución pero no tanto por el bien de la comedia en sí. Sin embargo, nada de eso es suficiente para que el filme decaiga en su intensidad cómica.

Jeniffer Aniston interpreta a una abusiva jefa comehombres.
Quiero matar a mi jefe es una película graciosa y efectiva. Cuenta con un elenco que se destaca tanto individualmente como en conjunto y tanto en sus personajes secundarios como en los protagonistas, con un grupo de actores con poca trayectoria que nos traerán seguramente muchas más risas en películas venideras.

TÍTULO: HORRIBLE BOSSES (2011)
DIRECCIÓN:
INTÉRPRETES: CHARLIE DAY, JASON BATEMAN, JASON SUDEIKIS.
PUNTAJE: 7/10